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historia del real monasterio de santa maría de el paular

La herencia del tiempo

real monasterio

El 29 de agosto de 1390, en presencia de Juan I, don Juan Serrano, obispo de Sigüenza, hizo a dom Lope el traspaso y canónica colación de la ermita allí situada, cuyo nombre era el de Santa María del Poblar, por delegación de don Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo. Juan I de Castilla por disposición testamentaria de su padre Enrique II, donaba, así, a la orden cartujana, en la persona de su procurador dom Lope Martínez, monje de Scala Dei y natural de Segovia, sus palacios del Poblar, antiguo pabellón de caza desde tiempos de Alfonso XI.

 

Se estableció el acta de la primera cartuja de Castilla y sexta de las fundaciones cartujanas de España, ubicada, entonces, en la provincia de Segovia (desde 1834 pertenece a la provincia de Madrid), en el incomparable marco geográfico del valle del Lozoya, a kilómetro y medio de Rascafría y a una hora larga de la capital de España.

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  Enrique II                                                                                                 Isabel I

                     

                           Juan I         Enrique III       Juan II        Enrique IV        

CASA TRASTÁMARA

ETAPAS CONSTRUCTIVAS

En sus inicios el monasterio gira entorno a la antigua ermita ubicada junto al panteón de caza y palacio de los Trastámara, conocida como Capilla de los Reyes. La primera etapa constructiva la dirige el arquitecto D. Rodrigo Alfonso (maestro de la Catedral de Sta. M.ª de Toledo), seguido por Gil Fernández, quien comenzó las obras de la actual iglesia en 1406. A partir de 1433, el morisco segoviano Abderramán tomaría el relevo. A él se deben las influencias mudéjares presentes en el monumento, como el púlpito del refectorio.

Con la llegada al trono de Juan II y los Reyes Católicos la construcción del Monasterio se acelera bajo la dirección de Juan Guas, arquitecto de la reina Isabel y artífice de la antigua catedral de Segovia desaparecida por un incendio durante la guerra de religiones. De esta época son el imponente claustro principal y la bóveda del atrio con clara influencia gótico tardía de transición al plateresco. Es en esta época- finales del siglo XV o principio del XVI- cuando se realiza también una de las mayores joyas artísticas del monasterio, el retablo mayor de la iglesia. Sobre su autoría hay muchas teorías, de estilo hispano-flamenco representa la vida y muerte de Cristo, tallado en alabastro y policromado, algo poco usual en Castilla. Es una obra de grandes dimensiones 9x13 m de tipo batea, profuso en exquisitos detalles, con grandes guardapolvos de tracería gótica. 

En el s. XVI Rodrigo Gil de Hontañón, natural de Rascafría, (maestro de las catedrales de Segovia y Salamanca) dejó su impronta renacentista en la portada del patio de Ave María. 

 

La consagración de la Iglesia por Monseñor Melchor Moscoso, obispo de Segovia, en 1629 supuso el tránsito arquitectónico al barroco, que se culminó con las reparaciones impuestas por el terremoto de 1755. En esta etapa se añadió la capilla octogonal del Sagrario, ampliada por el sobrecogedor Transparente, uno de los máximos exponentes del barroco español.

ESPLENDOR CARTUJO

Durante sus primeros cuatro siglos y medio de existencia, El Paular, se convirtió en una de las cartujas más poderosas del continente europeo, hasta el punto de que en 1515 pudo permitirse el lujo de costear la construcción de la cartuja de Granada. Su importancia económica fue notable, ya que disponía, entre otras fuentes de ingresos, de una cabaña real con 86.000 ovejas merinas y de su “molino de papel”, en el que se imprimió la editio princeps del Quijote. Sus posesiones rústicas y urbanas, agrupadas en torno a la Conrería situada en Talamanca del Jarama y en el señorío de Getafe (Madrid), eran inmensas, de tal modo que alguien las tituló con el sugerente mote de “ministerio de hacienda de los cartujos”.

​El máximo exponente del esplendor cartujo será la obra maestra de Vicente Carducho, con la realización entre 1626 y 1632 de 56 grandes cuadros para cubrir otros tantos huecos en el claustro de la cartuja de Santa María del Paular. Estos 56 cuadros de diez metros cuadrados cada uno, conocidos como la serie cartujana, le valieron 130.000 reales del prior Juan de Baeza, quien fue el que le encargó el trabajo, y narran la vida del fundador de la orden, San Bruno de Colonia, así como la historia de la orden cartuja. En su taller de la calle de Atocha, auxiliado por sus discípulos Bartolomé Román (1596-1659) y Félix Castello (nieto del Bergamasco), llevó a cabo el encargo, que le tuvo ocupado durante seis años. Con la desamortización en 1835 fueron  llevados al Monasteriod e la trinidad, Museo Nacional de Pintura y Escultura, y con la desaparición de éste, fueron repartidos entre diversos museos e instituciones de España.

En agosto de 2009 se llevaron a cabo unas importantes obras de restauración y climatización del claustro, precisas para poder obtener el retorno de  la colección, propiedad del Museo de El Prado, a su lugar original, proceso que culminó en 2011 con la reinstalación de los 54 lienzos supervivientes de los 56 originales (54 del ciclo más otros 2 que representaban el escudo de la Orden Cartuja y el de Felipe IV) 

SECULARIZACIÓN

Con la guerra de la independencia a principios del siglo XIX y más tarde la desamortización de 1835, la vida religiosa se interrumpe. En 1844 el Estado vende el recinto monástico a Rafael Sánchez Merino por 40.000 duros con la condición contractual de preservar el patrimonio histórico artístico del mismo. Ante el incumplimiento de éste por lo gravoso del deber, el Estado, 20 años más tarde, se lo compra a la familia por 60.000 duros.

En 1876 a petición de la Academia de Bellas Artes, se declara monumento histórico-artístico nacional de parte del monasterio. En 1903 un rayo destruyó el chapitel de la torre de la iglesia y produjo un incendio con consecuencias importantes. Esto no impidió que el monasterio albergara entre sus muros a intelectuales de la época. Primero la Institución Libre de Enseñanza, con don Francisco Giner de los Ríos, que lo eligió como destino de las excursiones de sus pupilos. Posteriormente, entre 1918 y 1953 se instaló la beca de paisajes de pintores pensionados en El Paular. Residencia de Paisajistas, creada  por R. O de 22 de febrero de 1918 y que recibió a los primeros alumnos en los meses de junio, julio, agosto y septiembre del mismo año. Al tiempo que se erigió como lugar de veraneo de ilustres como Enrique de Mesa, Menéndez Pidal, Ibáñez Marín, etc. No obstante, el deterioro del monasterio es progresivo a pesar de los intentos de restauración, siendo el más importante el realizado por la familia Muguruza a instancias del marqués de Comillas en los años veinte del pasado siglo. 

Monasterio de Santa María de El Paualr

RETORNO DE LA VIDA MONÁSTICA

La vida religiosa vuelve otra vez de manos de Franco. En 1942, en un viaje a Cataluña y hospedándose en Monserrat, le gusta tanto el ambiente religioso que allí había que decidió trasladarlo a Madrid y elige la Cartuja de El Paular, que en esos momentos se encontraba deshabitada. Se lo ofrece a sus legítimos dueños, los cartujos, que lo rechazan. La cartuja es ofrecida a una comunidad de benedictinos en La Rioja, “La Abadía de Valvanera”, cuyos monjes llegan a El Paular el 20 de marzo de 1954. Son monjes benedictinos, de la Congregación “Sublacense”, son los encargados entre otras tareas, de realizar las visitas guiadas al monasterio y disponen de hospedería, con un grupo de habitaciones, fuera de dicha clausura, donde acoger tanto a hombres como a mujeres que deseen compartir una experiencia monástica. Para saber más visita la web de la comunidad benedictina

El conjunto monumental del monasterio está declarado como Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1876, es de titularidad estatal y adscrito al Ministerio de Educación Cultura y Deporte.